Hitler en casa: Tres guineas de Virginia Woolf

Dentro de la tradición feminista Una habitación propia de la escritora Virginia Woolf, tiene una gran acogida y recordación. Sin embargo, parece que Tres guineas, de la misma autora, ha sido relegado al desconocimiento. Este ensayo, escrito con mayor pasión e indignación representó en su momento de publicación, reacciones en contra e incomprensión, en el escenario intelectual de la época (1938).

A la pregunta ¿cómo puede evitarse la guerra? Woolf responde: “erradicando, desde los cimientos, cualquier forma de imposición, de violencia y de discriminación”. Como mujer Virginia se indigna, siente rabia, ya que a lo largo de su vida ha sentido cómo se le ha denegado tener los mismos derechos que un hombre y es consciente de lo que esto significa: no aceptar ningún reconocimiento del establishment patriarcal (recordemos que rechazó el ofrecimiento de un honoris causa).

En Tres guineas se deja llevar por su indignación, desdiciéndose de lo que indicaba en Una habitación propia: “la ira sólo perjudica la actividad creativa”, y lo dice pensando en Charlotte Brontë. Pero a su vez pone el dedo en la llaga: “Hitler no sólo está en la plaza pública, no solo es el hombre que convoca los sentimientos de la masa para acumular más poder, no es exclusivamente quien dirige ejércitos y los alimenta. También está en el hogar: es el hombre que domina a su esposa y a sus hijos, es la persona sedienta de admiración que impone su voluntad con la fuerza y que no le importa qué medios deba utilizar para lograr sus objetivos. Cualquiera de nosotras y nosotros puede ser Hitler” Y el llegar a adquirir esta conciencia nos hace preguntarnos cómo no sucumbir ante el anhelo de dominar, cómo respetar la individualidad de las demás personas.

A Woolf se le tiene por una escritora burguesa, indiferente ante los problemas sociales; nunca pretendió ser una escritora “comprometida” o más bien su único compromiso, su lealtad y reflexiones, estuvieron centradas en sí misma. Si principalmente escribió sobre la burguesía era porque la conocía bien; hablar de la clase baja era más bien para ella una especie de oportunismo. Pero su intuición, su ironía y su capacidad crítica le permitieron escribir textos de la calidad de La torre inclinada donde también analiza las condiciones materiales y educativas que les permiten a los hombres dedicarse a escribir.

Virginia no es neutral, es consciente de sus diferencias como ser humano, es una outsider, una trasgresora de su tiempo. Una mujer que es consciente de la complejidad de esta palabra, ya que no es exclusivamente una mujer, es un hombre, es una lesbiana, es una persona asexual también, se distancia de sus contemporáneos, rompe los límites del pensamiento y es, además, una gran analista de la experiencia humana, lo que hace de su obra una fuente inagotable y aún vigente de cuestionamientos y reflexiones.

Por
Sergio Ramos Reyes
Usuario Biblioteca El Tintal Manuel Zapata Olivella
Director del Club de Lectura Circe Literaria. Licenciado en educación básica con énfasis en Ciencias Sociales de la Universidad Pedagógica Nacional. Ha trabajado en distintos proyectos de difusión literaria. Le gusta mucho leer literatura de mujeres, escritos feministas, literatura inglesa y estadounidense.

Woolf, Virginia.Tres guineas.Barcelona, Lumen, 1983.

Imagen tomada de: Mujeres & compañía